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EL BLOG DE TONY JUAN

ASAMBLEA DE LOS MOROS NAZARIES DE ABEN HUMEYA

ASAMBLEA DE LOS MOROS NAZARIES DE ABEN HUMEYA

El próximo día 17 de octubre, la Comparsa celebra su asamblea anual con noticias de interés para todos los componentes.

Es importante que asistamos todos dada la circunstancia de que este año somos Comparsa Embajadora y necesitamos aportación de ideas y sugerencias.

Aunque ya habréis recibido la carta, os recuerdo que será en el Palacio del Agua.

¡OS ESPERAMOS!

ZAPATERO.....A TUS ZAPATOS

ZAPATERO.....A TUS ZAPATOS

3 de octubre de 2008

Para mí, la profesión de zapatero, es de las más interesantes y extraordinarias que conozco, ya que en ella se conjuntan la destreza, el conocimiento profundo de la materia y el buen gusto para diseñar y acabar dentro de lo cánones exigidos por la sociedad de consumo.

Pero no quiero hablar de la profesión ni del oficio, en este primer viernes del mes de octubre, al que despertamos con las consabidas amenazas de la subida de las hipotecas, los cierres continuados de empresas y por ende, la fantasmagórica amenaza del paro, que señala cada vez más, índices de escándalo nacional.

La TV, que no tiene otra cosa inteligente que darnos más que disparatadas y macabras  historias de hospitales, cuentos de comisarios aburridos de la vida y otras chorradas como los grandes hermanos y sin tetas y a lo loco, aprovecha los momentos que vivimos, para ofrecernos y relajarnos de todo lo anterior, con desgarradores viajes en pateras, aprehensiones de droga a los pobrecitos traficantes y camellos y sobre todo, la relación, contabilizada a diario, de la violencia de género, entre otras lindezas.

Pero para más INRI, se nos recuerda con imágenes espeluznantes, como aquel señor mayor, que fue director de una gran empresa, o aquella otra señora, viuda de un alto cargo militar y otros muchos más, por el estilo, hacen diariamente su “compra” en los contenedores de basura, en los restos que tiran los supermercados. Y como otros muchos, que hace tan solo un año, vivían tranquilamente en sus casas con sus familias, están hoy malviviendo y mal durmiendo en las calles, en los portales y en el interior de coches abandonados., donde, sin lugar a dudas, morirán de inanición, si Dios no lo remedia.

Pero sí, Zapatero a tus zapatos y déjese de contar cuentos fantásticos a una población a la que usted engañó miserablemente con argumentos peligrosos, para llevarse sus votos. A una juventud que se le entregó, asustada por los fantasmas del pasado, cerrándoles los ojos del presente y del futuro; a un mundo de sujetos diferentes , al que se sabe que usted desprecia; y en general, a todos los españoles, que somos iguales ante la ley, aunque a usted le fastidie.

¿Por qué no dan ejemplo de solidaridad, tanto usted como tantos miles de ministros, senadores, consejeros, conselleres y conselleiros, con parte de sus multimillonarios sueldos, para frenar esta crisis?..¡Págueles con eso a los parados, a los que no trabajan, y no le quite dinero a las inversiones ¡....¡No caiga en la trampa de pan para hoy y hambre para mañana!...eso es tercermundista.

Usted, señor Zapatero, tiene el poder en sus manos. Apriete donde debe apretar y no consienta ser gobernante de un pueblo oprimido, hambriento y lleno de la indignidad que producen la miseria y la pobreza provocada.

EL CAFELITO

EL CAFELITO

18 de septiembre de 2008

Últimamente se habla mucho de la poca actividad empresarial que hay en el ramo de la hostelería y de que los precios suben disparatadamente de forma tan rápida, que apenas si te da tiempo para asimilar uno, cuando viene el otro. Por otra parte, los jóvenes, asiduos al recurrido botellón, dicen que, con lo que les cuesta una miserable copa de garrafón, pasan toda la noche entre litronas y kalimochos que incitan la pota y desarrollan la libido, eso sí, a precio más asequible. Los guiskis, cubatas y brugales, sólo son para los privilegiados que no se cuentan entre los mileuristas.

Pero rompamos una lanza por los sufridos propietarios de bares y cafeterías, repasando una escena real como la vida misma:

El otro día entró en una cafetería céntrica de la ciudad, un individuo con cara de estreñimiento y poco gasto, llevando un periódico bajo el brazo. Decididamente tomó asiento en una de las mesas del local y después de acomodarse desplegó  el mencionado periódico y se dispuso a devorarlo desde la primera hasta la última página.

Poco después llegó el camarero: -¿Qué va a tomar señor?

-un cafelito- contestó con toda dignidad - ¡ah y un vasito de agua!

El camarero desapareció de allí con cara de pocos amigos, para volver más tarde con el café y el vasito de agua: - ¿la quiere fría, caliente o tibia?- preguntó el camarero.............¡natural!-se incomodó el cliente calentando  su respuesta.

Acababan de dar las ocho y media en el reloj de la plaza, cuando me marché de allí.

A media mañana, cuando ya habían transcurrido más de tres horas, me dirigía de nuevo al bar para tomar mi desayuno mañanero, por aquello de las cuatro comidas cortas.

Allí estaba el caballero del cafelito, plegando el periódico (supongo que leído y releído) y pagando al camarero: -¿Qué le debo joven?- uno con cincuenta- contestó el camarero. El hombre sacó dos euros, esperó al cambio que tomó y guardó con fruición y se marchó de allí mascullando algo así como: ¡cada día peor!..¡habrá que buscar otro sitio!......

Y luego dicen que hay botellón..........¡estos jóvenes!

ESTO ES EL COLMO

ESTO ES EL COLMO

 

 

 

 

 

5 de septiembre de 2008

Miren ustedes: con los años se aprende a desconfiar de muchas cosas y a saber valorar cada una de ellas en su justa medida. Las euforias de la juventud, bañadas con la adrenalina que producen el riesgo y la temeridad, dejan paso a la sensatez y a pensar nuestras decisiones, antes de dar el primer paso.
Pero a pesar de que todo esto no sean enseñanzas de libro ni de Universidad, sino del bagaje que acumulan las vivencias en nuestros quehaceres diarios, nos damos cuenta que seguimos estando en manos de una pandilla de irresponsables, personajillos descorazonados y aspirantes a salir a diario en la foto, aunque sean más feos que el esperpéntico “Po-sí”.
Esta semana hemos visto y oído noticias para todos los gustos: que el señor Aznar a embarazado a no se qué ministra del gobierno, que las cifras del paro no van mal del todo, que otra vez estamos a vueltas con la jodida memoria histórica y la gente va y desentierra a todos sus muertos que en paz ya descansan. En fin, parece ser que en España no hay nada importante que merezca ser atendido de verdad por quienes mandan en el cuartel. ¡Mira me alegro! pues ya estaba yo pensando en que si no hay trabajo para nadie...¿de qué vamos a vivir?...¿y los millones de inmigrantes que tenemos afincados?...y por otra parte están las hipotecas, que nos dejan a todos en la mismísima calle....¿habrá puentes y entradas suficientes para todos?...o ¿tendremos que vivir al aire libre?.
Lo dicho, con los años se hace uno más desconfiado y cuando el señor ZP sale a los medios con cara de calamar rebozado diciendo que aquí no pasa nada y después sale su ministra diciendo que lo jodido está por llegar y luego sale el de las barbas claras vomitando sobre el de las barbas a roales, todas esas tonterías de embarazos al descuido, y memorias de la historia, no son más que gilipolleces.
El otro día oyendo a ZP quité el sonido de mi caja tonta y les puedo prometer que me pareció escuchar aquello de: ¡Españoles.... España es una unidad de destino en lo universal.....! y ¡coño! apagué del todo el televisor justo a tiempo de que saliera el puñetero Duque, ese de la Cata, que es amigo del Gitano y del desequilibrado del Pertur.

SEPTIEMBRE. PUNTO Y FINAL

SEPTIEMBRE. PUNTO Y FINAL

1de Septiembre de 2008

Uno, que ya tiene sus años en esto del veraneo y del final de las vacaciones; uno que, como todo hijo de vecino, ha de volver a rellenar sus pilas para intentar coger movimiento y que no se le cale el pesado motor que arrastra y uno que, en definitiva, también se gripa de motores para abajo cuando ve que se aproxima la caída de la hoja, se levanta hoy con un humor de perros, por aquello del “Punto y final”. Y yo pregunto: ¿pero por qué se pone tanto empeño en dar carpetazo a lo vivido y hostigar nuestras conciencias con el trabajo que nos viene?... al fin y al cabo, el hombre no se hizo para el trabajo, si no al revés, fue el trabajo quien requirió de la necesidad del hombre. Además, seamos realistas y comprendamos la situación: hasta los propios ministros del Gobierno, han dado por terminadas sus vacaciones con anticipación, para intentar arreglar esta España que nos han dejado, que, efectivamente, no la conoce ni la madre que la parió. (¡Qué buen profeta era el señor Guerra!).

La verdad es que hay una gran diferencia entre el punto y final de antes y el de ahora; será porque la sintaxis, la ortografía y todas las reglas gramaticales se han quedado obsoletas (eso decía Don Camilo) y antes nos preocupábamos más de los madrugones, de volver a la oficina, de comenzar las clases.... y ahora la preocupación consiste en el como: ¿como pagaremos la hipoteca?.. ¿cómo llegaremos a mitad de mes, al menos?..¿cómo sobreviviré? Y en el cuando: ¿cuándo me dejarán en la calle?..¿cuándo podré cobrar el paro?..¿cuándo podré vivir con dignidad?.....

Mientras tanto, echamos una mirada a los consejeros y predicadores que nos rodean y vemos con estupor que los pobrecitos Bancos y Cajas de Ahorro (amos del mundo) presentan cada año sus multimillonarios beneficios sobre la crisis del ladrillo y otras crisis, que no la del Gallo de Sijé. Vemos también como los señores Ministros, Padres de la Patria, se suben los sueldos y prebendas para toda la eternidad y con ellos, al chupe, los señores Directores Generales, Vicemangoneros y otros figurantes que no dan un palo al agua ni lo han dado en toda su vida. Y así, corten ustedes por donde quieran. El resto es populacho que no merecemos ni tan siquiera una pequeña ayuda para comprar un miserable ladrillo, porque aquí, hasta morirse cuesta un guevo.

Así que, uno que ya está harto de tanta carroña, se niega ha hacer punto y final, simplemente lo fingiré y haré un punto y seguido.

 

TOCANDO LAS HUELLAS DE MIGUEL

La casa.....(años 48/50)

 

Cerca, muy cerca de su casa, había una tahona donde trabajaba como panadero mi tío Paco, el hermano más pequeño de mi madre.

Mi tío Paco, cuando llegaba del trabajo, por la mañana, solía coger su guitarra y templaba las cuerdas arrancando melodías que quedaban prendidas, como versos, en el aire. Aquellas rudas manos y sus potentes brazos dotados de una musculatura exuberante, no conjugaban con la finura y delicadeza de los sonidos que salían de la caja de resonancia. Yo, que me deleitaba escuchando aquellos pequeños conciertos, solía colocarme entre la guitarra y sus piernas, apoyando el oído en la parte hueca del cuerpo del instrumento, llenando así mi cabeza de cuantos sonidos y ecos me llegaban sin interrupción alguna.

De vez en cuando, mi tío añadía a aquellas melodías unas cuantas estrofas de unos versos que siempre decía haber leído en las paredes del obrador del horno. Y cuando en más de una ocasión le preguntaba que quien había escrito aquellos hermosos versos, él me contestaba haciendo un largo silencio con la guitarra: -¡pobre Miguelico!- y la mayoría de las veces se levantaba y colgaba su guitarra de nuevo en el estante de arriba de la cómoda, para marcharse a dormir. Era su descanso.

 

 

 

En más de una ocasión tuve la oportunidad de visitar el obrador de aquella tahona de la calle de Arriba, propiedad a la sazón de Efrén Fenoll, hermano del también malogrado poeta Carlos Fenoll y ambos, buenos amigos de mis padres. Todavía recuerdo como imágenes veladas en la memoria, aquella casa en la que se reunía mucha gente y escuchaban música, bebían vino del Ramblero y hablaban de algo que, para mi, era ininteligible entonces. Había un forzado silencio en torno a algo que yo no comprendía y también recuerdo que, en una ocasión, salimos paseando todo el grupo, mi familia, los Fenoll, los Cañizares (Guillermo Cañizares y Carmita Bonafós) y los Pardines (Luis Pardines y Lolita), por la misma calle de Arriba, para llegar cerca de la ermita y bajo el arco que la sostiene. Allí se exaltaron un poco los ánimos, no puedo recordar por qué, pero alguien pidió silencio y nos volvimos de nuevo paseando hasta la tahona y casa de los Fenoll.

Poco tiempo después, la familia Fenoll cerró la tahona, la casa, y se marcharon de Orihuela. Jamás volví a verles.

Mi tío Paco, seguía tocando la guitarra y los sonidos que arrancaba, a mi me parecían versos rotos, como interrumpidos por alguna tragedia que no comprendía.

En esta lejana etapa de mi vida, estuve tocando, casi palpando las huellas de Miguel, pero el silencio total que las envolvía, hicieron que, para mí, fuera un total y absoluto desconocido. Hoy quiero comprender todo aquello, y hasta podría justificarlo, pero me duele tanto en el alma, por que.....le tuve tan cerca.....

 

 

 

La sierra.....(años 50/55)

 

La Orihuela de aquellos años, era una ciudad tranquila, segura y llena de los atractivos naturales que, ante el desconocimiento de otras cosas, se crecía  y se vivía sin tantas necesidades como hoy nos creamos.

Los chiquillos jugábamos en las calles hasta que se hacía de noche, nos bañábamos en el río y con bastante frecuencia subíamos a la sierra.

Yo solía ir mucho por la Torreta, hasta la parte trasera del Santuario de Ntra. Sra. De Monserrate y allí, junto a la misma ladera de la sierra, tenía su casa mi tío-abuelo materno. Por la parte derecha de la casa, había un estrecho callejón formado por la misma casa y un muro del Santuario, de forma que se podía pasar, aunque con alguna dificultad, hasta la sierra. Allí te encontrabas con una extensa parcela de paleras cuajada de higos chumbos y enormes piteras de una belleza incomparable, y en medio de aquel vergel, un escondido pasadizo lleno de tomillos y árboles de pan de zorra, daban acceso a una pequeña y bien marcada “rejullaera”.

Aquella rejullaera constituía una delicia para cuantos la conocíamos y recuerdo que, estando un día de verano jugando por aquellos lugares, vi pasar a un muchacho cabrero, tras un grupo no muy grande de cabras. El joven, casi un hombre ya, dejó pastar las cabras por la sierra y buscó el alivio del sol bajo unos matorrales de loberas que había junto a la misma rejullaera.

En el Rabaloche, aquel joven era bien conocido y se le veía bastante comunicador y buena gente.

 

 

Cuando llevaba un buen rato a la sombra de las loberas, se dirigió a mi para entablar una conversación, sin mucha trascendencia, pero lo suficiente como para volver a recordarme lo que mi tío Paco me decía con la música de su guitarra.

Estuvo hablándome de cuando él era niño que solía ir con su padre y algunos pastores más por la sierra de Orihuela y que sobre todo disfrutaban con las rejullaeras y precisamente aquella era una de ellas. Allí solía ir siempre a refugiarse del sol y muchas veces de la lluvia, pues aquellas loberas eran el cobertizo perfecto para poder hacerlo sin peligro alguno.

Me habló de un tal Miguelico el “Visenterre” que él había conocido, por aquello del pastoreo en la sierra, y que no hacía muchos años que había muerto en Alicante en la cárcel.

Mi ignorancia, la falta de información y el forzado silencio que reinaba alrededor de Miguel, me hicieron no darle importancia a muchas de las cosas que me diría aquel pastor y que hoy, apenas si las recuerdo.

Miguel, para mi, era un perfecto desconocido, es más, nunca había existido. Y si existió, pasó completamente desapercibido.

El pastor me preguntó que si yo estudiaba en el Colegio de Santo Domingo y yo asentí diciéndole que aquel había sido mi primer año, incluso creo recordar haber contado algunas de las peripecias que hacíamos con las locuras del Padre Carreras, un jesuita trastornado que nos llevaba a mal traer a todos los chiquillos del colegio y no se por que razón le gustaba tanto que le hablase del Colegio de Santo Domingo, era como  si quisiera conocer los

 

entresijos de aquellas gentes que vivían entre sus antiguos muros, para llenar no se que curiosidad morbosa que parecía envolverle.

Jamás pude entender sus continuas preguntas acerca del colegio y la forma de hacer de sus gentes.

Cuando finalizó el verano, dejé de ver a aquel cabrero y hoy no sabría decir ni quien es, ni donde está, supongo que habrá formado su familia, como tantos otros o quizás, haya dejado este mundo.

Fue entonces cuando conocí y tomé contacto con un profesor que nos impartía Latín y Gramática en los primeros cursos y más tarde, Literatura: Don José Guillén García.

Don José Guillén, me introdujo en el conocimiento de la poesía, de su métrica, del ritmo y la musicalidad imprescindible para componer un poema y más tarde, me enseñó los Clásicos, el teatro, la novela y todo cuanto encerraba la Literatura y sobre todo, me enseñó a amar los libros.

Pero nunca, jamás me habló de Miguel.

 

 

 

La radio, Jotolo y mi padre.....(años 55/61)

 

Siempre me han gustado los medios de comunicación y en aquellos años, lo que más se escuchaba en Orihuela era la radio.

En la calle Mayor, estaba ubicada “Radio Orihuela”, con los Ezcurras, Lacárcel, y otros, entre los que cabía destacar a Pepe Torres, alias “Jotolo”, casado en primeras nupcias con la hermana de Pepito Marín (Ramón Sijé). Aquello era “radio falange” y allí daba sus sermones pidiendo siempre, el malogrado Don Antonio Roda, cura del Oratorio Festivo de San Miguel.

Yo iba con frecuencia a la radio, me gustaba escuchar todos los programas que se hacían cara al público y hasta llegué a participar esporádicamente en algunos de ellos. Allí hice mi amistad con Pepe Torres y me enteré que era empleado del Ayuntamiento, y que tenía una cierta relación con los Sijé, pero sin entrar en más detalles. En todo el tiempo que nos conocimos, jamás me habló de Miguel, ni tan siquiera me indicó nada que pudiera hacerme sospechar de su existencia.

El tiempo pasaba inexorablemente y yo ponía fin a mis estudios de bachillerato, con la ilusión del que culmina una etapa importante de su vida, pero con el alma llena de dudas, por algo que no lograba entender y la sospecha de no haber llevado en mi equipaje algo imprescindible, algo que después sería mi Biblia inseparable.

Recuerdo que en una ocasión, llevado de la mano de mi profesor Don José Guillén García, junto a otros alumnos, entre los que recuerdo a Pepito Muñoz Garrigós, nos presentamos en radio Orihuela para recitar unos poemas que habíamos compuesto en una especie de certamen que se había hecho en el colegio. El programa de radio, que nos acogía, era uno de Jotolo, cuyo nombre ya no recuerdo y la finalidad, recoger fondos para los pobres en Navidad.

Yo recité mi poema y al término del mismo, vi como se miraban el profesor Guillén y Pepe Torres, el locutor. Las palabras que intercambiaron no pude captarlas, pero adiviné un aire de asentimiento y el nombre de Miguel en los labios de ambos. Yo quise protestar, gritar que aquellos versos eran míos, solamente míos y que no los había copiado en ningún sitio, ni tan siquiera me había inspirado en nada ni en nadie.....

El profesor Guillén, como adivinando mi exasperación y mi disgusto, me cogió cariñosamente de una oreja y sacándome del estudio, me dijo: “te pareces mucho a Miguel”....

Aquello fue el último veneno para la última copa desbordada y varios días después, cuando hacía los preparativos para marcharme a la ciudad Condal para iniciar mis estudios universitarios, le pregunté a mi padre durante la cena: ¿Papá quién es ese Miguel del que hablan?.....

No obtuve ninguna respuesta.

La víspera de mi marcha, encontré sobre la mesita de noche, un libro envuelto con papel del periódico ABC y una nota sobre el

mismo: -“Léelo hijo y ten mucho cuidado. Que nadie te lo descubra”. Está prohibido.-

Aquello eran las Obras Completas de Miguel Hernández en un libro con tapas rojas y papel Biblia.

Aquí comenzó mi descubrimiento de Miguel y aquí  comencé a amar todavía más la poesía y todo cuanto se movía alrededor de ella.

Mis años en Barcelona, dedicados por completo a mis estudios, solo se veían interrumpidos cada noche, por la lectura de un poema de ese libro rojo, prohibido, y camuflado por las hojas del periódico ABC.

Mi padre, a partir de entonces, me contó muchas cosas de Miguel, las de ordinario, las de andar por casa, aquellas anécdotas que se cuentan de forma intrascendente y que van formando poco a poco, la idea del hombre y su entorno. El me enseñó a reconocer la situación que se vivía entonces, el sistema de vida de una familia dedicada a llevar su negocio, su medio de vida, la subsistencia de todos. El me enseñó a desterrar aquellas cosas que se decían de un muchacho con cara de bueno, con ilusiones y con ganas de triunfar en lo que mejor hacía: escribir.

Mi padre, Guillermo Cañizares, Luis Pardinez, Efrén Fenoll, Carlos Fenoll y el mismo José Mª Soto de Leyva, eran amigos entonces y conocedores absolutos de la vida de Miguel, quizás no de su obra, pero sí de todas sus cosas, tergiversadas por unos y manipuladas por otros, por aquellos que intentan trasladar, en su total desconocimiento, las características de una época con sus modos y costumbres, a la vida actual.

No, la vida de Miguel, en su primera etapa de adolescencia, no fue un caso excepcional, fue como la de tantos y tantos muchachos que habían nacido en el seno de una familia humilde dedicada a un negocio del que todos comían y vivían y cuando se salía de la escuela sabiendo “leer, escribir y las cuatro reglas” el padre comenzaba a tener un alivio, incorporando un miembro más al negocio, que el día de mañana habría de ser suyo también. Ese era el carácter de la época y no el de torturas, palizas, y sometimientos al pastoreo obligándole a dejar los estudios, como algunos se han empecinado en mostrarnos la vida de Miguel.

Pero eso sería otra historia...

Aquí comencé a tomar más contacto con las huellas de Miguel, a escuchar de viva voz y de primera mano sus cosas y hasta incluso a recoger pequeñas anécdotas que me confirmaban todavía más aquellas huellas que estaba coleccionando para mi vida.

Mi tío Paco, panadero en la tahona, me contó en una ocasión que Miguel venía todas las mañanas al horno a llevarse un pan redondo caliente y lo abría por la mitad, para llenarlo de manteca de cerdo. Después lo envolvía con mucho cuidado en un gran pliego de papel de estraza y cuando le preguntaba quien le despachaba que para qué quería tanto papel, él respondía riendo siempre: de aquí salen hojas para escribir en la sierra.....

 

Siempre tuve muy cerca las huellas de Miguel y no supe o no pude verlas hasta que llegó su momento.

Hoy recorro su camino por las mismas calles que él construyó y cada día, descubro algo nuevo de este tortuoso sendero lleno de versos y veo que sus huellas están allí, llamándonos a todos y haciéndonos ver lo sencillo que es cantar una “nana”, lo melancólico y triste que es llorar una “elegía” y la fuerza que se desprende de ese “rayo que no cesa”.

Miguel, tus huellas han estado siempre ahí.....para tocarlas.

 

Orihuela a septiembre de 2006

 

EL IMBORNAL

Diciembre de 2007

 

Estaba allí, como cada tarde, esperando a que Marina saliese de la perfumería, donde trabajaba, haciendo una maratón de interminables horas, cuyos últimos minutos, eran los más alargados que jamás había soportado en mi vida. Y siempre  lo mismo, un día tras otro, desde que éramos novios y hasta ahora, que vivíamos juntos, después de fingir un descuidado embarazo, que terminó siendo un cólico de gases. –Pobre Marina- llegué a pensar, intoxicado de su forma de ser - ¿qué pensarán ahora todas sus amistades?- pero a poco que intentaba razonar, me surgía la tranquilidad a todos mis pensamientos:-¡hasta en eso era capaz de fingir!-

La gente solía esperar al otro lado de la acera, protegidos por unos gigantescos plataneros y pequeñas marquesinas de las paradas del autobús.

Yo me colocaba allí, junto a uno de esos viejos plataneros, llenos de hojarasca a su alrededor y montones de colillas, donde surgía como de los infiernos, un patético imbornal que siempre hacía estragos en los tacones de las empleadas. Aquellos agujeros, que miraban como negros ojos salidos de las profundidades del averno, parecían esperar impacientes a sus victimas.

Todo era cuestión de tiempo.

Comenzó a llover y los negros nubarrones que cubrían el poco cielo que dejaban al aire los edificios, provocaron de súbito la caída de una tempestuosa noche adornada por las culebrinas de los rayos.

Desde la ventana, que dejaba al aire un entresuelo sobre la tienda, pude escuchar las campanadas de un antiguo reloj de pared.

Eran las ocho.

Las persianas de las tiendas bajaron automática y estrepitosamente y por uno de los laterales comenzaron a salir las empleadas de la perfumería.

Marina salía con paso decidido hasta el mismo portal y allí hizo una parada mirando con cierta coquetería a un lado y a otro de la calle. Después, se acercó hasta donde yo me encontraba y entornando los ojos, hizo un gesto de discreto asentimiento para dirigirse a los pies del platanero.

De aquel oscuro imbornal, prácticamente cubierto por la hojarasca, salió un chorro de vapor húmedo, tan de improviso,  que hizo dar un respingo a Marina, con tan mala fortuna para que uno de los tacones de sus botas se introdujera en un agujero hasta casi la base del mismo.

-¡Qué fuerte!-dijo perdiendo el equilibrio y cogiendo mi brazo en un gesto perfectamente estudiado y medido. -¡Qué fuerte!- volvió a repetir elevando la pierna que no había quedado atrapada y dejando al aire de forma voluntaria sus hermosos muslos.

No me cabía ni la menor duda de que Marina era una experta en llamar la atención de la gente y al parecer, la ocasión era perfecta para hacerlo. Una hora punta, en la que todos salían del trabajo, el paseo de cientos de ciudadanos que se aglomeraban a esas horas en los principales establecimientos y sobre todo, el imbécil de mi, que me había convertido en un perrito faldero de sus endiablados caprichos.

En realidad, me importaba un bledo que su tacón se hubiera colado en el imbornal, lo que más me fastidiaba era tener que soportar sus aspavientos y sus mediocres dotes de interpretación, precisamente cogida a mi brazo, allí, donde todo el mundo nos veía y donde seríamos el hazmerreír de la gente.

-¡Pero qué fuerte!- repetía sin cesar aquella insensata, que no paró de gritar, hasta conseguir formar un corrillo a su alrededor. Y es que, toda su vida no era más que una continua representación. Ella era el ombligo del mundo y los demás, ni tan siquiera los alrededores. Claro que tratándose de mi, era otra cosa; yo era para Marina, algo así como la despensa junto a  la cocina, como las cerillas para el cigarrillo, el complemento a su delicada vida, donde en realidad, no había más que mierda, pero mierda cara, conseguida a golpe de talonario y hasta he llegado a creer que a golpe de cuernos, porque, pensándolo bien ¿de donde sacaba aquellas joyas y aquellos vestidos, si sumando los dos sueldos, el suyo y el mío, no nos llegaba ni para pagar la hipoteca del piso y poco más?. Quizás aquel puñetero imbornal me hiciera pensar un poco en nuestra destartalada vida y me descubriera la ceguera en la que estaba viviendo.

Marina seguía gritando desesperadamente y lanzando su frasecita de moda con expresión jilipollezca,-¡qué fuerte!- mientras que algunos voluntarios ya se habían dejado vencer, al no poder sacar el tacón de la bota del agujero. Y es que las botas se las traía. De caña alta, hasta casi la rodilla y con tacones de aguja de más de diez centímetros que no puedo explicar como podría mantener el equilibrio.

De vez en cuando, por los agujeros del imbornal salían chorros de vapor que hacían gritar más enloquecida a Marina.

Alguien gritó entre la multitud -¡que le quiten la bota!- pero todos los esfuerzos fueron inútiles para sacar aquel treinta y ocho de un treinta y nueve largos que en realidad media el pié. -¡que le corten el pié!-dijo otro gracioso provocando la risa de la concurrencia.

De pronto, comenzó a llover y todos los curiosos que se habían congregado alrededor de los muslos de Marina, desaparecieron rápidamente, dejándonos solos a ella y a mi, en medio de aquel conflicto.

-Manolo, llama a la policía-me repetía continuamente- y no era mala idea, pero me había dejado el teléfono móvil dentro del coche, en el aparcamiento que había una esquina más abajo de la calle.

Y no paraba de llover.

Junto a nosotros había varias cajas de cartón de gran tamaño y unos plásticos que habían dejado allí, de los establecimientos, para ser recogidos por los servicios de basura, así que, ante lo que estaba cayendo, cogí varias de aquellas cajas, las coloqué junto al platanero abiertas por uno de los laterales, y dispuse unos plásticos haciendo de techo, para que nos protegieran  algo de la lluvia, que había comenzado a caer con más fuerza.

Marina estaba cada vez más nerviosa y pasó de la frase de moda a llorar desconsoladamente por lo ridícula de la situación que estábamos sufriendo.

-Manolo ve a por el móvil y llama a la policía, a los bomberos, a quien sea, pero que me saquen de aquí, que no puedo más- me pidió desesperadamente.

-¿Pero como te voy a dejar sola?- le dije

-¡Tú ve por el móvil y llama!- me gritó- ¡no voy a estar toda la noche aquí hasta que se haga de día!.

Así que, crucé a la acera de enfrente y me dirigí calle abajo hasta el aparcamiento de coches.

Cuando llegué al punto de entrada de peatones, las puertas estaban cerradas. Corriendo y mojándome hasta los mismos huesos, me dirigí a la entrada principal y también estaba cerrado, con un letrero que avisaba del motivo: por precaución ante una inundación.

Aquello era el colmo. Mi situación era cada vez más desafortunada. No sabía que hacer; mi grado de ofuscamiento era tal, que no había pensado ni tan siquiera en entrar en un bar de aquella zona y llamar por teléfono pidiendo ayuda.

Sin pensar en nada, salí corriendo de nuevo de aquella puñetera covacha y calle abajo, busqué un bar o algo parecido donde entrar a llamar por teléfono. Pero era una zona con escasas posibilidades de encontrar algo abierto, así que pensando en Marina y en el ataque de nervios que tendría en estos momentos, di la vuelta y comencé a correr en dirección a donde me la había dejado, con su bota enganchada en el imbornal.

Desesperado y calado hasta los huesos, llegué hasta el refugio de cartón y bolsas de plástico.

Marina estaba sentada en el suelo sobre un montón de aquellos cartones y plásticos, completamente empapada y con la mirada fija en aquel negro imbornal. Sus ojos estaban abiertos desorbitadamente y su boca, con los labios amoratados de tanto apretar, dejaba muy claro una expresión de terror, algo así como si hubiese visto al mismísimo Satanás.

-¡Marina!- le cogí por los hombros zarandeándola para sacarla de su trágica expresión- ¡Marina!...¿qué ha pasado?.

Pero Marina seguía silenciosa y presa de aquella expresión de terror que le había deformado el rostro.

Habían pasado varias horas y las posibilidades de encontrar algún transeúnte con la noche que estaba haciendo, eran totalmente nulas, así que tomé una decisión y salté al otro lado de la mediana y me coloqué en medio de la calle. Algún coche se fijaría en mi y pararía o quizás me atropellara, pero aquella situación tenía que terminar para Marina, porque, al fin y al cabo, con todos sus defectos y excentricidades, era mi pareja y la quería o al menos, eso pensaba yo, ¡bueno, que importa!, el caso era que no la podía dejar allí sola sin ayuda y en situación tan endiabladamente extraña

Al cabo de media hora, paró un coche pegando un frenazo que casi me lleva por delante.

-¡Oiga amigo!..¿qué le pasa?- me preguntó su conductor- ¿es que está usted borracho o qué?

Yo me acerqué hasta la ventanilla y les puse al corriente con toda rapidez de la emergencia por la que estaba pasando. Ambos se miraron y uno de ellos sacó una pistola del bolsillo y apuntándome a la cabeza me increpó:- Ha tenido usted suerte, bueno, según como se vea, porque ha dado con la policía, ya que si nos está engañando y esto es una trampa para robar a la gente, se ha caído usted con todo el equipo....

No sabía yo que me iba a producir tanta alegría encontrarme con aquel coche patrulla. Era como agarrar  una cuerda en el último momento y sentir la satisfacción de estar a salvo.

Cuando llegamos hasta donde estaba Marina, no había cartones, ni plásticos, ni nada de cuanto yo les había contado a aquellos policías. Marina había desaparecido, era como no si no hubiese ocurrido nada. El lugar bajo el platanero, seguía estando lleno de hojarasca mojada por la lluvia y el sucio imbornal, tragaba el agua que llegaba de la acera, haciendo su característico ruido.

-¡No lo entiendo!- grité asombrado y hasta con miedo.

Uno de aquellos policías me llevó hasta el coche y sacó un alcoholímetro para decirme: -¡Sople aquí amigo!.

-¡Pero qué diablos!- dije- yo no bebo, no he bebido en toda mi vida...les juro que he dicho la verdad, aquí me dejé a mi novia con el tacón aprisionado en el imbornal, no me explico que puede haberle pasado.....

Pero consiguieron hacerme la dichosa prueba y los dos policías se miraron guardando el aparato. Entraron en el coche y uno me dijo: -¡Oiga amigo, le aconsejo que no vaya usted por ahí riéndose de la gente!...¿vale?...

-¡Pero qué risas ni qué carajo!-dije entre dientes volviéndome hacia el platanero y mirando fijamente a aquel imbornal de los infiernos.

A Marina, no he vuelto a verla en toda mi vida, ni lo he intentado.

Mi coche, desapareció en el aparcamiento subterráneo donde lo había dejado y con él, todas mis cosas, el teléfono, la documentación.....

No quise averiguar más y dejé pasar mi vida, como si todo aquello no hubiera sido más que una pesadilla de juventud, algo que podía o no, haber ocurrido y que jamás quisiera que volviera a suceder.

Tenía otra pareja, Aída, distinta y con una personalidad fuerte, aunque ya estaba cansándome su insistencia en que dejase de fumar, porque aquello no era el consejo que se da al fumador para que deje de hacerlo, no, aquello era una continua exigencia, un martirio diario que se repetía sin que, la mayoría de las veces, viniese al cuento tal recomendación.

Todo era cuestión de tiempo.

Yo estaba esperando que saliese del trabajo como era mi costumbre, a diario, y como siempre me colocaba bajo aquellos plataneros que proporcionaban buena sombra y mejor cobijo.

Detrás de mi, en la plaza del mercado, sonaron las campanadas del reloj de la torre. Eran las ocho.

Aída salió del portal de las oficinas donde trabajaba. En un acto reflejo, miré hacia el suelo y pude ver aquel imbornal, con sus oscuros agujeros negros.

Algo me empujó hacia delante y pasé por encima de su rejilla. Un fuerte chorro de vapor salió haciéndome dar un salto.

Me giré instintivamente y desapareciendo detrás del platanero, creí ver una sombra alargada envuelta en el chorro de vapor que había dejado el imbornal.

Pero no, no podía ser, me dije. Aquello era imposible.

ARMENGOLA

ARMENGOLA

La Indecisión de Armengola

 

Quiero que sea esta noche distinta

que se rompa el silencio de la sierra

que se apague el murmullo de las aguas

y que apenas arome el azahar de la huerta.

 

Quiero ver luz, donde todo es oscuro

donde nada se alumbra con fuego

donde todo se apaga en silencio

sin dejar el más vivo recuerdo.

 

Quiero pensar que no estoy sintiendo

la daga que aprieta y se clava en mi pecho

la trágica hora que llega y se acerca

envuelta en presagios que traen los vientos.

CARTA DE AMOR A UNA AMBIGUEDAD PATETICA

CARTA DE AMOR A UNA AMBIGUEDAD PATETICA

21 -08-08

Distinguida señora o señorita:

Sólo sé de Vd que se firma “Clara G” y que detrás de tan bonito nombre, hay un adjetivo que utiliza de forma descuidada y ambigua, como lo haría con su automóvil, un conductor británico por cualquiera de las calles de Madrid, por ejemplo.

¿Sabe usted realmente lo que significa “Patético”? .....Pues verá, sin andarnos con excesivas elucubraciones (que podría hacerse) y echando un rápido vistazo al Diccionario de la Lengua , el término Patético tiene dos acepciones principales, a saber: -Que produce o manifiesta de una manera muy viva los sentimientos, sobre todo de dolor, tristeza o melancolía- y también: -Grotesco, que produce vergüenza ajena o pena-

Personalmente, me gustaría quedarme con la primera, ya que con su inapreciable intuición femenina, ha sabido captar el mensaje que pretendo dar en mi libro “Armengola”, aunque sólo sea un anticipo de mi obra completa y además, no me atrevo a negar que en todo cuanto escribo, hay ese sentimiento de dolor que Vd. me descubre, ese trazo de tristeza o melancolía que Vd me adivina y que además, quiero hacerlo de la mejor manera posible describiendo vivamente cuanto llevo en mi interior. Lo contrario sería un fraude al lector y un engaño. Usted ha sabido apreciar que Orihuela me duele en las entrañas, que siento día a día sus cosas y que desde hace mucho tiempo, hago también mía aquella frase de nuestro Miguel: “...tu pueblo y el mío”  desde el ansiado patetismo que me une a sus querencias.

Si esa ha sido su intención, gracias por tan amorosa entrega, pues nadie hasta ahora, salvando ciertas distancias, me había conceptuado así. Pero si su propósito ha sido llamarme “Grotesco” y además le produzco vergüenza ajena o pena, lo siento, pues no es esa mi voluntad. Sepa usted querida señora o señorita, que grotesco quiere decir: ridículo, extravagante y de mal gusto. No creo que haya en usted ni la más mínima traza de insultarme de esa forma tan gratuita y tan impropia de una dama, aunque ya sabe usted que la famosilla “Tamara” utiliza mucho el término de patético, escupiendo su propia ridiculez y manifestando su conocida extravagancia con tan grotesco mal gusto.

Mi querida señora o señorita, en esto de los pseudónimos existe el peligro del desconocimiento y aunque yo me quedo con la primera definición y por ello le estoy eternamente agradecido, no puedo remediar ese molesto arañazo que se entremezcla con tan bonita fantasía y con tan buen sabor de oriolano.

De todas formas, un afectuoso y cariñoso sentimiento de dolor......

 

A LA VENTA EL LIBRO "ARMENGOLA"

Se ha puesto a la venta mi nuevo libro "Armengola" en los siguientes establecimientos de Orihuela:

-Librería CODEX , frente a Santas Justa y Rufina

-Estanco de las Monserratinas

El precio de venta es 10 €

COMAMOS CONEJO

COMAMOS CONEJO

22-12-2007

 

Estamos de acuerdo señor ministro, así nos ahorraremos de males mayores.

Ha logrado usted convencernos, pues algo de eso ya nos estábamos recelando, por aquello de que cuando se avecinan grandes males: toros y fútbol, que a la gente hay que distraerla y formarla en las dos asignaturas fundamentales de la vida. Lo demás son gaitas desafinadas que sólo pretenden desestabilizar el magnífico sistema implantado: la construcción por los suelos, no se venden pisos, las empresas se asfixian, el IPC se dispara y al final, quienes salen ganando son los de siempre, sus amiguitos de partida y café, los intocables y caritativos Bancos.

Pero hay mucho más, ya que, al parecer, los males que se avecinan son tan grandes y llevan un trasfondo tan negro, que nos están volviendo a educar en el aula popular por excelencia ( la TV) con los “Grandes Hermanos”, “Las Beas”, “Los Diarios de Patricia” etc.... además de sacarnos los colores con el “Cámera Café” y las “Escenas de Matrimonios”. Después de todo esto, ya no nos queda tiempo ni para darnos cuenta de lo que hemos comido o cenado, todo sea por la cultura y la prosperidad del pueblo.

Hay que comer conejo, ¡si señor! , sin distingos. Lo mismo da que sean de monte o de campo, de huerta o de granja, el caso es que sean conejos: blancos, negros, albinos, leonados, mariposas (que también las hay como en la tele) ya que el color no importa. Lo que vale es el sabor y cocínelos como quiera. El conejo es una carne muy sufrida y si no que se lo pregunten a la popular televisiva “Aída”, que lo lleva siempre al fresco y soporta todo tipo de climas.

Buena idea señor ministro. Acaba usted de dar  la solución a todos los problemas de España, aunque yo creo que tendría que haber explicado la clase de conejo que se ha de consumir, por aquello de que habrá quienes se dediquen a montar nuevas granjas de cunicultura y quienes hayan entendido que hay que poner más “Puticlubs” en las carreteras y quitar de las calles a tanto conejo despellejado como hay en la actualidad.

Ya lo saben: ¡arriba el conejo!...¡viva nuestro salvador! Y a ver si cuando entremos en un Banco con cara de gilipollas, con los bolsillos más vacíos que el río Segura, para implorar un prestamillo, nos colocan un buen letrero que nos alegre la vista y que diga algo así como: “Ponga usted un conejo en su vida”.....

 

LA CORTESIA

LA CORTESIA

19-12-2007

 

Tocar discretamente con la punta de los dedos el ala derecha del sombrero, y hacer una ligera reverencia, con la leve inclinación respetuosa de cabeza, era maniobra frecuente en el saludo masculino hacia las señoras y señoritas.

A decir verdad, los tiempos y la época dorada del romanticismo, requerían tal amaneramiento en las formas de conducta y en la urbanidad diaria del manual del caballero.

La actualidad es muy diferente y se ha pasado de una extremada cortesía al más brutal y escatológico comportamiento que jamás hubieran imaginado nuestros abuelos.

La mujer, la compañera de tus días y sobretodo, noches, se ha convertido por obra y gracia de una evolución casi galáctica, en algo que dista mucho del ser femenino que otrora conociéramos.

La mujer, amada, deseada, respetada y jamás ignorada, como algunos se empeñan en calificar, dejó de ser ese sueño filtrado para convertirse en algo cotidiano, la mayoría de las veces vulgar y otras, quizás demasiadas, objeto de la brutalidad.

Antes, el menosprecio hacia la mujer, sólo se daba en aquellas clases barriobajeras, donde la educación brillaba por su ausencia. Ahora, hasta las clases más poderosas y supuestamente más cultas, hostigan y descargan su fuerza sobre la debilidad de estos angelicales seres, esposas, madres, personas......

Arranquemos en las escuelas, colegios, institutos y hagamos una pequeña visualización en los patios de recreo: el trato de los niños hacia las niñas, es desconsiderado, sin contemplaciones de sexo, utilizando la mayoría de las veces, un lenguaje vulgar y lleno de improperios y lo triste es que las niñas lo aceptan y hasta lo devuelven en los mismos o peores términos. Aquí es donde comienzan a no saber utilizar ese ángel que llevan dentro y aprenden la barbarie feminista, dejando de lado la feminidad, o bien, confunden una cosa con la otra.

Yo creo que todo esto, como siempre, ha llevado al Gobierno Socialista a recomendar que comamos “carne de conejo”, lo malo es que no ha dicho de qué clase.

Ya es lo que faltaba. 

UN DISCRETO SILENCIO

UN DISCRETO SILENCIO

13-04-08

 

 

 

Los domingos, por aquello de la inercia diaria, suelo levantarme temprano, a la misma hora que un martes o miércoles cualquiera de estas semanas, que se atropellan en los calendarios, con más prisas que pausas.

Pero los domingos es distinto. Hay algo en el aire que se respira y hasta se corta imprudentemente, con cierta desvergüenza, diría yo. Es el silencio.

Los pájaros, acuden cada mañana, nada más salir el sol, para recoger las posibles migas de pan y algún gusano de las macetas de mi terraza. Pero los domingos, no se acercan hasta que el astro rey está bien alto y son algo más de las nueve.

El tumulto mañanero de cada día, desaparece de nuestras calles, para convertirse en acelerones circunstanciales de algún dominguero arrebatado por las ganas de sacar su buga para darle caña.

Da gusto pensar como un poco de silencio, supone el respiro que todos necesitamos para poder soportar la estrepitosa cadena que arrastra el tiempo. Lo malo del asunto es que, si este silencio se prolongase demasiado, llegaríamos a coger el gusto que provoca y después nos vestiríamos de indiferencia cayendo en un hastío indeseable de funestas consecuencias.

¿Y de lo nuestro qué?-preguntaría el asiduo solicitador de curro al amigo del conocido del pariente del politiquillo de turno- ¿Se sabe algo de lo mío? – volvería a insistir ante el silencio del amigo del conocido.

¡Nada de nada!-respondería dándoselas de importante el interlocutor arrimao- ahora están de consultas y preguntados, y ya se sabe que las cosas de palacio.......

Mientras tanto, seguirá el silencio llamando a nuestras mañanas, cada vez un poquito más tarde, hasta que ya, la costumbre, se convierta en el más frustrante de los olvidos.

Hoy es domingo y cuando termino de escribir estas páginas, después de hojear el periódico, los pájaros siguen sin acudir a mi terraza y el silencio lo encuentro más prolongado que otras veces, así que seguiré el ejemplo del Obispo  Don José García Goldaraz que paseando por delante de unos obreros que se habían quedado dormidos y viendo como su acompañante les llamaba increpándoles para que se levantasen, le cogió del brazo y le hizo guardar silencio diciéndole: ¡¡calla hombre calla, déjales que duerman porque malo será cuando ellos despierten!!.

 

Orihuela Ciudad Dormitorio

Orihuela Ciudad Dormitorio

Hace unos días aparecía en la prensa que Orihuela tenía ya más de un cuarenta por ciento de población, que no eran de aquí, lo que nos hace suponer que, de los aproximadamente setenta mil habitantes censados en todo el término, sólo cuarenta y dos mil pertenecen a la tierra del Oriol y la Armengola.

Yo, si ustedes me lo permiten, replegaré las velas de la incredulidad, cerraré las puertas del conocimiento y me dejaré llevar dulce y suavemente por la estupidez.

La crisis, esa criatura de Belfegor que muy pocos ponen en duda, se está encargando de justificar toda una serie de desmanes, atropellos y jugadas de ingeniería financiera que oculta, con todas las de la ley, el engorde de las cuentas de beneficios de los amos del mundo. Mientras tanto, ciudades como la nuestra, definidas a lo largo de la historia como vergel de las Fiestas, emporio de la actividad social y comercial y clásico exponente de la cultura en toda su diversidad, se convierten de la noche a la mañana en cementerios de negocios y dormitorios forzados de almas neutras. ¡Qué lástima señores!....

La lista de las fiestas que desaparecen cada año, aumenta. Ahora le ha tocado definitivamente a la Feria de Agosto, aunque se hable de un traslado. Dentro de poco, desaparecerá San Antón, como desapareció San Isidro y estamos seguros que, de seguir así, ante las quejas lacrimosas de media docena de vecinos afectados y pobrecitos sufridores, veremos desaparecer la de Moros y Cristianos. ¿Qué nos quedará después?....un buen puñado de magníficos ciudadanos, excelentes vecinos, amantes de sus tradiciones y defensores de no se qué patria chica, que entrarán a Orihuela para roncar sus pesadillas, mientras que desarrollan, con sus aportaciones y su presencia, a otras ciudades vecinas que sólo intentan copiar su destino.

Tenemos lo que nos merecemos.

Solo un ruego: Hagamos una colecta para que todos esos sufridores puedan marcharse fuera de Orihuela, cuando nos dejen celebrar alguna Fiesta, sin mala fe. Por aquello de los garbanzos y el cocido.